Autor: Francisco García Montoya

Llevamos tiempo oyendo por un lado y por otro que el pueblo está sucio, que cada día está más sucio, es un tópico recurrente en casi cualquier tertulia callejera. Al menos esa es la impresión general y se suele echar la culpa al Ayuntamiento que evidentemente tiene parte importante en la conservación y limpieza de los espacios públicos. Pero, muchas veces pasamos por alto que los ciudadanos también tenemos parte importante de responsabilidad en dicho mantenimiento porque somos los usuarios de los lugares públicos, la ciudad es nuestra casa común y debemos colaborar para que esté lo más presentable posible.
Sin embargo, la actitud de ambos deja bastante que desear y voy a poner unos ejemplos:
El Paseo que es el espacio público más destacable del pueblo se encuentra en unas condiciones lamentables: los setos que rodean los parterres están secos, deformes o simplemente han desaparecido y parece que no hay voluntad de reponerlos; las hierbas no deseadas campan por sus respetos; hay árboles secos que nadie se preocupa de retirar; habita en El Paseo una familia de gatos asilvestrados que si el parque es responsabilidad del Ayuntamiento podemos concluir que los gatos también son su responsabilidad, imagino que los tendrán vacunados y convenientemente atendidos desde el punto de vista sanitario lo mismo que cualquier particular tiene a sus mascotas porque de no hacerlo podrían ser foco de parásitos como garrapatas y pulgas que podrían transmitir enfermedades graves a los humanos y de lo cual se pueden derivar responsabilidades.

La iluminación del espacio público es pésima, solo donde están los bares es buena y eso es por iniciativa de los dueños de los bares y no del ayuntamiento, resulta que da un poco de miedo salir de la zona iluminada de los bares y adentrarse en la oscuridad del parque, uno no se queda tranquilo cuando está sentado en la mesa de uno de los establecimientos y sus hijos o nietos se van a jugar por las zonas oscuras.
Pocos días antes de las fiestas patronales hubo una empresa privada quitando las malas hierbas y adecentando en lo posible el parque por eso, porque venían las fiestas y el pregón, y me parece bien que se haga, pero creo que esa no es la filosofía que debe prevalecer a la hora de mantener un espacio público. Los lugares públicos deben tener un mantenimiento constante para que estén siempre en perfecto estado de revista porque existen para que los ciudadanos disfruten de ellos y no para que los responsables de su mantenimiento se laven la cara y se justifiquen cuando llegan las fiestas.
En resumen, el estado de mantenimiento del Paseo deja mucho que desear y trasmite al paseante sensación de dejadez que también se siente en otros espacios públicos de la localidad como por ejemplo en las tortuosas, ruidosas, adoquinadas y a veces malolientes calles al estilo de la maldita Agenda 2030 con baches dignos de un camino rural y tal cantidad de mobiliario urbano que más que embellecer lo que hacen es dificultar el tránsito de vehículos y peatones.
Por nuestra parte, los ciudadanos tampoco somos cuidadosos con los espacios públicos y con frecuencia los usamos como si fuésemos los únicos habitantes del pueblo sin pensar que podemos molestar a nuestros convecinos. Por poner un ejemplo me voy a referir al uso que los dueños de perros hacen de los lugares comunes de la ciudad. Un paseo por Cabra es suficiente para constatar que hay muchos perros como mascotas, si preguntamos a la IA nos dice que en la provincia de Córdoba hay registrados 235.000 perros, esto es, 1 perro por cada 3 habitantes; según estas estadísticas en Cabra con unos 20.000 habitantes debe haber entre 6.000 y 7.000 mascotas caninas, se ven personas con un perro, dos perros e incluso tres perros.
Hay que reconocer que, al menos últimamente, el Ayuntamiento dispone de un equipo dedicado a baldear las calles para limpiar los meados que los perros van dejando. Sin embargo, una vez que los operarios municipales dejan la calle limpia es cuestión de horas que vuelvan a estar llenas de pis caninos que ensucian la vía pública, dan malos olores y crean insalubridad.

Hay calles especialmente guarreadas por los orines de los perros, una de las que se llevan la palma es la calle Alonso Uclés que según los días no hay bolardo, macetero, papelera o puerta de una casa que no presente su correspondiente meada o remeada. Y esto último me parece una falta total de urbanidad y de respeto a las personas que viven en las casas porque bien que los perros hagan sus necesidades líquidas en los bolardos, maceteros, farolas, arriates o papeleras, pero que se meen justo en la puerta por donde entran y salen los habitantes de las casas no solo es falta de urbanidad y de respeto, sino una cochinada que muy bien se podría evitar. Que se lo pregunten a las amas de casa y a las limpiadoras de los portales porque ya sabemos la costumbre egabrense de limpiar el trozo de acera que ocupa la fachada de las casas, gracias a esa costumbre las calles están medio qué de meadas. Las calles peatonales del centro del pueblo también están llenas de pipís perrunos y algunos días presentan un aspecto sucio y desagradable.

En resumen, el Ayuntamiento no se parte el pecho en el mantenimiento de los lugares públicos, pero los ciudadanos tampoco hacemos mucho por tener el pueblo limpio. Entre todos podemos hacer realidad el eslogan ese de “Cabra brilla”











