Del agujero de ozono al cambio climático

Autor: Francisco García Montoya

 

En las dos últimas décadas del siglo XX causó gran alarma mundial el llamado agujero de ozono cuyo resultado fue la firma del Protocolo de Montreal y la prohibición de emitir a la atmósfera unos gases fabricados por el hombre, los CFCs, a los que se les atribuyó con toda seguridad y celeridad, sin lugar a dudas, la responsabilidad de descomponer el ozono y crear el famoso agujero sobre el continente antártico. Es decir, según el citado protocolo y la ONU, el agujero de ozono era de origen antrópico y la Humanidad era la responsable del desastre por fabricar los CFCs.

Ya entonces se empezó a crear la falsa idea de que la Humanidad era una especie súper depredadora para la Tierra por lo que su actividad debía ser frenada y su número debía ser controlado/reducido para evitar que terminara destruyendo el planeta, idea seudocientífica que más tarde sería adoptada como uno de los pilares fundamentales de la malsana Agenda 2030.

Esos gases que neutralizan el ozono son conocidos como clorofluorocarbonos o CFCs y en efecto son muy eficaces descomponiendo el ozono. Fueron descubiertos por Thomas Midgley (1889-1944) un ingeniero norteamericano quien desarrolló su uso en refrigeradores, bombas de calor, propelentes de sprays, etc.; a este personaje también debemos el empleo del tetraetilo de plomo como aditivo de las gasolinas responsable de que la Humanidad y todo el planeta estuviese siendo envenenada por plomo durante décadas hasta que finalmente los combustibles con plomo fueron prohibidos en todo el mundo gracias a las investigaciones del también norteamericano Clair Patterson (1922-1995).

El agujero de ozono fue detectado por vez primera en 1978 por el satélite de la NASA Nimbus-7. Pero, ¿Qué es el agujero de ozono? Es una zona de la estratosfera donde la concentración de ozono (molécula formada por tres átomos de oxígeno) es baja (menor de 200 unidades Dobson) y se sitúa fundamentalmente en el polo sur, sobre la Antártida. La capa de ozono se ubica en la estratosfera entre los 20 y 30 kilómetros de altitud siendo su existencia vital para la vida en el planeta porque el ozono que contiene absorbe la radiación ultravioleta de onda corta que es perjudicial para los seres vivos debido a que altera su ADN. Sin capa de ozono no podríamos vivir sobre la superficie de la Tierra.

Entre 1980 y 1993 el agujero alcanzó una extensión de 24 millones de km2 y desde entonces su tamaño medio siempre ha sido superior a los 20 millones de km2. El problema es que el agujero de ozono apenas ha disminuido entre 2022 y 2024 y sigue siendo tan grande como en la década de los 90. Y esto a pesar de que llevamos más de dos décadas sin emitir a la atmósfera los famosos CFCs que según el protocolo de Montreal y según la ONU son los responsables de producir el agujero de ozono.

Se acusó a la Humanidad de estar destruyendo su propio medio ambiente planetario por la emisión de los CFCs, y a través de los medios de comunicación de masas se trató de crear una histeria colectiva mediante estudios científicos y modelos que predecían un futuro catastrófico si no se reducía el famoso agujero.

Enrique Ortega Gironés, et al, sobre cómo los medios de comunicación abordaron el asunto del agujero de ozono comenta lo siguiente: “su tratamiento y difusión por los medios de comunicación guarda muchas similitudes con las predicciones, profecías y amenazas que cotidianamente recibimos en relación con el cambio climático global”.

Quizás sea mi conspiranoia, pero el asunto del agujero de ozono, que ha desaparecido prácticamente de los medios de comunicación, fue una especie de ensayo general patrocinado por las élites que trabajan en la sombra tratando de crear miedos infundados en la población sobre la emergencia climática que impulsa maliciosamente la puñetera Agenda 2030.

Si el agujero de ozono sigue siendo tan grande como a finales del siglo XX mientras llevamos más de dos décadas sin emitir CFCs, que según se dijo eran los causantes de su formación, la conclusión lógica es que las causas del agujero no son los CFCs, posiblemente haya existido siempre siendo su origen natural. Pero, evidentemente el intento de reducirlo ha fracasado estrepitosamente. (Dejo este asunto aquí porque si no el artículo se haría interminable y además no es el objetivo del mismo).

Pero, ¿por qué no se habla en los medios de comunicación del fracasado intento de reducir el agujero de ozono? Una hipótesis podría ser la siguiente: alguien puede pensar que si hemos dejado de fabricar y emitir CFCs y no ha servido para nada a lo mejor lo de reducir o incluso eliminar las emisiones de CO2 tampoco va a servir para nada y encima nos estaríamos suicidando económica y socialmente.

En Montreal muchos países firmaron el protocolo y dejaron de emitir CFCs lo cual no causó un gran daño a las economías de las sociedades humanas y de los países. Por esa razón firmaron alegremente el protocolo, pero sentaron un precedente peligroso. ¿Por qué? Porque fue un ensayo de la lucha de la ONU y luego de la perniciosa Agenda 2030 por el calentamiento global, por el cambio climático. Así, cuando llegaron los Acuerdos de París en 2015 y el demencial compromiso de eliminar las emisiones de CO2, 195 países firmaron y al hacerlo se comprometieron vinculantemente a lograrlo. Téngase en cuenta que estas cosas las firman políticos que están en la cúspide del poder y ya sabemos el nivel de decencia que tienen y su tendencia a obedecer órdenes superiores sin sopesar debidamente el efecto que sobre la economía de sus países pueda tener simplemente su firma en un documento.

En cualquier caso, la eliminación de las emisiones de CFCs no ha sido un problema significativo para la Humanidad y el protocolo de Montreal se puede considerar positivo. Pero no así los Acuerdos de París de 2015 que han sido fatídicos porque falsa e intencionadamente atribuyeron a las emisiones de CO2 la causa principal del calentamiento global y del cambio climático. Resulta que cuando los países firmantes se pusieron manos a la obra para descarbonizar la atmósfera el resultado fue trágico porque la descarbonización, esa que todavía propone el PSOE junto con Feijoo, el PP y otros partidos, tiene un impacto elevadísimo sobre el coste de la energía, el transporte, la competitividad de las economías que lo abrazan, la agricultura, la ganadería, etc., etc., etc., avocando a los países a incrementar su deuda e hipotecar su futuro.

En relación a todo lo dicho he aquí una reflexión de Richard Lindzen (profesor del Departamento de Meteorología del Instituto de Tecnología de Masatchusetts y miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos): “las ideas que se están propagando sobre el calentamiento global son conjeturas inverosímiles respaldadas por una falsa evidencia que repetida sin cesar se ha convertido en un conocimiento políticamente correcto que se utiliza para promover el vuelco de la civilización industrial. Lo que vamos a dejar a nuestros nietos no es un planeta dañado por el progreso industrial, sino un registro de estupideces insondables, así como un paisaje degradado por la oxidación de parques eólicos y paneles solares en descomposición”.

Y, para terminar, que mi amigo Javi dirá que aquí hay demasiados párrafos negros para que la gente lo lea. otra reflexión del mismo profesor sobre la famosa frase de Joseph Goebbels que dice así: “una mentira suficientemente grande, repetida hasta la saciedad, se convierte en verdad”. Reflexiona el profesor Lindzen que tan importante como la repetición de la mentira es que la mentira sea descomunal y complicada para que a la mayoría de la gente le cueste comprenderla y decidan aceptar sin realizar un análisis crítico las explicaciones recibidas a través de los medios de comunicación.

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