Autor: Manuel Chacón Rodríguez
Se cumplen este 4 de julio de 2026 exactamente 250 años de la declaración de independencia de los EE.UU., cuando nuestro héroe, Alcalá-Galiano, contaba con 15 años de edad y servía a España en aguas sudamericanas del virreinato del Río de la Plata.
El papel de España en aquel acontecimiento histórico fue decisivo y fundamental. Desde el principio del conflicto, en 1775, el gobernador de la Luisiana española, Don Bernardo de Gálvez, apoyó a los norteamericanos tanto con apoyo político como económico, al principio, y militar, después. Nuestro compatriota pensaba en que era la oportunidad de España para recuperar las Floridas (perdidas en 1763 tras la Guerra de los Siete Años) así como otros territorios de América Central (Belice, Costa de los Mosquitos, Jamaica o las Bahamas). Es por ello que, con toda la fuerza de la administración virreinal española, y de su propia fortuna personal, dio un apoyo decisivo e inicialmente secreto a los hombres de George Washington, que usaron armas, dispararon pólvora y vistieron uniformes hechos en España. También Francia les apoyó, pero por vicisitudes de la política internacional, el papel de España ha sido ocultado hasta fechas recientes.
Efectivamente, España tuvo un papel decisivo y se puede considerar la madrina, cuando no matrona, de los EE.UU., que años más tarde nos pagó con la traición, como se verá.
Pero continuemos con el relato de hace 250 años. Tras el inicial apoyo logístico de 1775-78, formalmente España declarará en 1779 la guerra al Reino Unido de Gran Bretaña, abriendo cuatro nuevos frentes que resultarán decisivos para que los norteamericanos pudieran derrotar en tierra a los británicos: España atacará a Inglaterra en América Central, en el centro y sureste de Norteamérica (con decisivas victorias como Baton Rouge y Pensacola), en las aguas del Atlántico (infligiendo a los ingleses una de sus mayores derrotas navales de la historia en el Cabo de Santa María gracias al teniente general de la Armada D. Luis de Córdova) y en la propia España, es decir, en Menorca y Gibraltar.
Finalmente, y cuando D. Dionisio contaba con 22 años de edad (y acababa de regresar a España para realizar el curso de estudios mayores con el científico y profesor de la Academia de Guardia Marinas de Cádiz D. Vicente Tofiño, en el Real Observatorio de San Fernando), se firmó el Tratado de París por el que Londres reconocía oficialmente la independencia de la naciente república estadounidense y por su lado España confirmaba su reconquista de Menorca y recuperaba toda Florida, así como la costa de los Mosquitos (toda la costa de Nicaragua y parte de Honduras), aunque debía devolver las Bahamas (recién conquistadas, motivo probable además del nombre del buque de línea español Bahama, botado ese mismo año), aunque no podía recuperar Gibraltar.
Sin España, pues, no habría EE.UU. o no al menos en la forma ni el momento en que nacieron, y la historia americana, española y mundial habrían sido muy distintas. El agradecimiento y reconocimiento de los anglosajones norteamericanos debería ser patente con España, pero muy al contrario, pasaron inmediatamente a considerarnos -hasta día de hoy- rival geopolítico clave y buscaron desde el principio nuestra erosión y caída: nos arrebataron Luisiana en 1803 (con ayuda del francés Napoleón), luego Florida en 1819 y desde 1822 apoyaron, en contra de España, la independencia de México, Colombia, Chile, Argentina y otras nacientes repúblicas hispanoamericanas… para, siguiendo la doctrina Monroe, ser ellos los que pasaran a controlarlas militar y económicamente desde entonces. Pero esa, es otra historia.














