Autor: Francisco García Montoya
Antes de comenzar quiero dejar claro que lo que expongo aquí es solo y llanamente mi opinión y lo hago porque me parece oportuno hacerlo y porque tengo derecho a manifestarla siempre que lo haga educadamente y aprovechando que todavía nos queda algo de libertad de expresión en este país.
He comentado en más de una ocasión la homogeneidad no solo del lenguaje, sino también del contenido del discurso de los 2030, ya saben ustedes a quienes me refiero, homogeneidad que salta fronteras y es evidente a todos los niveles ya sea en el leguaje de prácticamente todo el espectro político, en los medios de comunicación y en los documentos oficiales de las administraciones locales, regionales, nacionales y mundiales. Pero, hay otro aspecto donde se pone de manifiesto esa homogeneidad 2030 y que pasa desapercibido, aunque lo vivamos cotidianamente, se trata del diseño de las ciudades y de los pueblos.
Vayamos donde vayamos encontraremos un diseño de los espacios públicos muy similar, pongamos el ejemplo de Cabra que roza los 20.000 habitantes censados, esto solo es un ejemplo porque podemos ir a Aguilar de la Frontera, a Baena, a Puente Genil o a Lucena y el diseño será parecido, y más, si salimos de Andalucía a otras comunidades encontraremos algo parecido en un estado más o menos avanzado. Es un diseño urbano típicamente 2030 y está implementado no por Bruselas que queda lejos, sino por las autoridades locales de los diferentes municipios independientemente de que sus regidores sean de un color político u otro. Se diría que está de moda porque a veces uno ve una calle perfectamente conservada desde hace décadas con sus aceras bien definidas y enlozadas y de buenas a primeras llegan los operarios del ayuntamiento y la levantan para hacerla nueva, quitan todos los aparcamientos, las aceras tradicionales y en su lugar nos ponen una plataforma única en la cual las aceras están al mismo nivel que la superficie de rodadura de los coches, instalan miles de bolardos salidos de una fundición, porque claro, es que aunque las supuestas aceras estén enlozadas se distinguen mal del centro de la calle y hay que marcarlas con algo y ese algo son los miles de bolardos y maceteros que dificultan el movimiento de los vehículos y de los peatones, y por supuesto, si la calle tenía algunos aparcamientos los hacen desaparecer.
En algunas calles estrechas las aceras son tan breves que es imposible colocar bolardos o maceteros para marcarlas, en esas calles no hubiera estado de más y sería más seguro para los peatones haber dejado las aceras antiguas con sus bordillos de toda la vida, pongo el ejemplo de la calle Doña Leonor. Pero, no, hay que seguir la moda o las órdenes emanadas de la superioridad que dicen que hay que transformar los espacios públicos ¿para qué? ¿para hacer las ciudades más peatonales? No veo que estas modificaciones las hagan más peatonales; ¿para mejorar la vida de la gente? No veo que mejoren la vida de la gente; o ¿es que quieren que terminemos todos siendo peatones o pedaleando en bici?, o ¿es que quieren uniformarlo todo a su estilo? Porque cada vez ponen más restricciones e inconvenientes a los coches y no digo a los camiones de reparto que se las ven y se las desean para doblar algunas de las esquinas en las que han situado tal número de bolardos, farolas, maceteros y arriates imposibles que desesperan a cualquier conductor.
A los 2030 no les gusta que el ciudadano común tenga la libertad que le da un coche quizás por eso han hecho desaparecer la inmensa mayoría de aparcamientos en las ciudades y diseñan calles que encorsetan cada vez más la circulación rodada; a esto hay que añadir la incertidumbre que han creado sobre qué coche se debe comprar, si de gasolina, si de gasoil, si híbrido de gasolina, si híbrido de gasoil, si eléctrico, porque ¿qué pasará en el futuro cercano? ¿qué nuevo despropósito discurrirán los burócratas de Bruselas siguiendo los dictados woke de los 2030?, el resultado es que un número cada vez mayor de ciudadanos optan por conservar su coche más o menos viejo hasta ver qué pasa.
Este diseño urbano que al parecer en teoría se basa en aumentar la peatonalidad de los espacios públicos haciéndolos más habitables y reducir el espacio destinado a los vehículos es en mi opinión una especie de panacea urbana que manifiesta una serie de inconvenientes que lo alejan bastante del espacio urbano ideal. A continuación, expongo algunos de los que desde mi punto de vista son inconvenientes para los ciudadanos:
Son calles ruidosas porque la moda impone que estén adoquinadas lo que hace que la simple rodadura de los coches genere mucho ruido. Creo que se puede decir que son estructuralmente ruidosas, ruido que se suma al ruido de fondo de la ciudad. Un ejemplo, si circulan en un coche por la calle Almaraz de Cabra escuchen el ruido de la rodadura del coche y compárenlo con el ruido que hará cuando doblando la esquina a la izquierda circulen por la prolongación de la calle Priego camino del Paseo que tiene lisa la superficie de rodadura de los vehículos.
Han desaparecido las aceras tradicionales cuyo práctico diseño data de la segunda mitad de siglo XIX y consiste en que están unos centímetros más elevadas que la superficie de rodadura de los vehículos. Su diseño es práctico, simple, intuitivo tanto para conductores como para peatones y además son duraderas y baratas de mantener. Ahora la plataforma de la calle es única y las aceras están marcadas con baldosas de diferente color y con filas de bolardos, maceteros, bancos, papeleras y otros objetos de mobiliario urbano. Este hecho hace que en muchas ocasiones las aceras no sean percibidas como tales y que tanto patinetes, bicicletas y motos las invadan sistemáticamente. Antes cuando uno salía de su casa lo hacía con la confianza de no ser atropellado por una bici o un patinete, ahora no.
La invasión de las aceras por los vehículos sucede porque en estos diseños modernos de calles no se distingue bien entre lo que es acera y lo que es la superficie de rodadura de los vehículos y esto a pesar de todos los bolardos y maceteros que hay. Pongo un ejemplo: hace unos meses andando por la calle Álamos unos niños iban en sus bicis por la acera y contramano y la conversación fue la siguiente: “nene que vas por la acera” a lo que el chico respondió “las aceras ya no existen”, y llevaba razón, al menos las aceras pre 2030.
Otro aspecto, son calles poco diáfanas para los conductores y eso las convierte en calles peligrosas, porque al haber numerosos obstáculos para la vista (bolardos, maceteros, bancos, farolas, papeleras, arriates) se dificulta la visión de los peatones que circulan por las aceras o que intentan cruzar la calle, que pueden ser niños o personas mayores. Lo mismo sucede con los peatones que circulan por las aceras, en ocasiones no ven los coches que vienen.
Son calles caras para el contribuyente o mejor dicho más caras que las de diseño tradicional y no debemos olvidar que no las paga el ayuntamiento, sino que las pagamos los ciudadanos con nuestros impuestos. Son más caras que las calles antiguas entre otras razones por las siguientes:
- Habrá que comprar el mobiliario urbano sin el cual estas calles modernas 2030 serían imposibles, es decir, bolardos, maceteros, etc., que son normalmente metálicos. En las calles antiguas este gasto casi no existía.
- Habrá que mantener dicho mobiliario en buenas condiciones de pintura, habrá que reparar las continuas averías que se producen por el uso diario de los espacios públicos por los ciudadanos, y habrá que reponer los objetos que se vayan quedando obsoletos. Por otro lado, al ser metálicos producen herrumbre y se deterioran con bastante rapidez fenómeno que está acelerado por las continuas meadas de los perros.
- Otro aspecto a tener en cuenta es que en muchas calles hay un exceso de mobiliario urbano que encarece su adquisición y mantenimiento, y las hace algo agobiantes para los conductores y para los peatones sobre todo si van con andadores, sillas de ruedas o cochecitos de bebé.
- Están adoquinadas lo que supone la compra por parte del consistorio de centenares de miles de adoquines que vienen de lejos porque son de granito y las canteras de este material están como muy cerca en el macizo de Sierra Morena, a esto hay que sumar que la construcción de una vía con adoquines es más costosa desde el punto de vista de la mano de obra.
También son calles peligrosas o más peligrosas que las tradicionales por las razones expuestas: Son poco diáfanas sobre todo para los conductores, y por tener aceras poco evidentes que inducen a que sean invadidas por los vehículos.
En resumen, todo parece un experimento 2030 para un nuevo diseño urbano.









