CIEN AÑOS DE LA HAZAÑA DEL PLUS ULTRA

por Manuel Chacón Rodríguez

Se cumple un siglo este 22 de enero del vuelo del Plus Ultra, apropiado nombre con que se bautizó al hidroavión Dornier Do J alemán de la Aeronáutica Militar española que realizó el primer vuelo de la historia desde España hasta Sudamérica. Meses después se inauguraría en Cabra, en el Paseo, un monumento en su honor, la glorieta del Plus Ultra, popularmente conocida como “la media luna”. Vale la pena recordarlo.

El hecho fue histórico, de relevancia internacional, y trascendió todas las capas sociales. Estaban al frente del vuelo el comandante Ramón Franco, el capitán Julio Ruiz de Alda, el teniente de navío Juan Manuel Durán y el sargento mecánico Pablo Rada. La travesía, una verdadera hazaña para la época, duró 19 días, con varias escalas y algunos tramos en los que estuvieron seriamente en peligro, recorriendo más de 10.000 km en unas 59 horas en total.

Tengamos en cuenta que atravesar el Atlántico hace cien años, con la tecnología de entonces y sin cabina ni calefacción, al aire libre, era una verdadera proeza por no decir una temeridad. Así lo entendió el público de la época, que aclamó a sus protagonistas como héroes. Como lo que fueron.

Eran los felices años 20, posteriores a la Gran Guerra, y España vivía un auge económico precedido del restablecimiento del orden y la seguridad que supuso, tras años de violencia e inestabilidad, el establecimiento del Directorio militar y después civil del general Miguel Primo de Rivera, desde el golpe incruento de septiembre de 1923, en un régimen regeneracionista que había puesto fin al sistema canovista de 1876. Una época en la que se construyeron grandes infraestructuras públicas, se creaba trabajo y se establecían empresas nacionales como CAMPSA o Telefónica y bancos públicos como el Banco de Crédito Local y el Banco Exterior de España. La música de moda seguía siendo la zarzuela, los cuplés, los pasodobles y el flamenco, además de los tangos, y poco a poco se introducía música norteamericana como el charlestón, el foxtrot y, algo menos, el jazz.

Es en ese momento de optimismo, tras la violenta lucha fratricida europea de la Gran Guerra, en que se respiraba modernidad y esperanza por casi todo el continente, cuando el futurismo de Marinetti y las vanguardias artísticas competían con las tradiciones, y en que por un lado triunfaba en Rusia la revolución bolchevique y por otro, en Italia, la revolución fascista de Mussolini. En ese espíritu moderno e innovador, se dan también los primeros vuelos transatlánticos, como el de John Alcock y Arthur Brown desde Canadá hasta Irlanda, en 1919, o los primeros vuelos comerciales internacionales, entre Londres y París, iniciados entre 1919 y 1924, además de la primera vuelta al mundo aérea realizada por pilotos estadounidenses en ese último año.

Es en este contexto que se proyecta en la España del Directorio un vuelo que uniese España con Sudamérica, siguiendo la estela de los portugueses Coutinho y Cabral, que volaron hasta Brasil con varios aparatos en 1922, pero haciendo ahora un viaje más largo, hasta Argentina, y con una sola aeronave, algo nunca realizado. Tal fue el periplo iniciado el 22 de enero de 1926, con partida simbólica en Palos de la Frontera, Huelva, igual que Colón en 1492 y no por casualidad, con un avión alemán considerado de los más modernos del momento. La primera escala, como la de los navegantes del s. XV, fue en Canarias, concretamente en Las Palmas. Posteriormente, un nuevo vuelo fue hasta el archipiélago de Cabo Verde, donde se realizaron una serie de ajustes -aligeraron peso- antes de volar hasta Brasil, concretamente a la isla de Fernando de Noronha, desde donde poco después saltaron hasta Pernambuco.

Fue en esta etapa última etapa, precisamente, donde tuvo lugar uno de los momentos más críticos de la hazaña, cuando se averió una de las hélices que fue reparada en pleno vuelo por Pablo Rada, jugándose literalmente la vida y la de toda la expedición. Poco después, ya a salvo y en suelo continental brasileño, los aviadores españoles fueron recibidos por un público entusiasta, antes de volar hasta Río de Janeiro. De allí y tras parar, siguieron hasta Montevideo y ya en la etapa final, más corta que las demás, hasta Buenos Aires, donde el recibimiento fue de los que marcan época, dando origen incluso a un tango cantado por Carlos Gardel titulado “La gloria del águila”. Durante mucho tiempo se realizaron homenajes en Uruguay y sobre todo Argentina, así como en España a la vuelta, donde los agasajos y celebraciones duraron todo el año.

Faltaban apenas tres años para la gran exposición Iberoamericana de Sevilla y las comparaciones del vuelo con el descubrimiento de América fueron constantes. No en vano, ese mismo año el arquitecto Aníbal González había terminado la concepción y diseño de la Plaza de España, de bello estilo regionalista con marcada influencia renacentista, mudéjar y barroca.

Fue precisamente entonces en Cabra, con el recién nombrado alcalde D. Felipe Solís Villechenous, que se decidió erigir un monumento a los héroes del Plus Ultra, al vuelo en sí mismo y al descubrimiento de América. De estilo también regionalista, realizado en ladrillo rojo y con azulejos de la fábrica sevillana de D. Manuel Barros Rejano, del barrio de Triana. La inauguración fue en primavera y afortunadamente permanece hasta nuestros días, un verdadero lujo para nuestra ciudad, al que valdrá la pena acercarse a durante este año para recordar la hazaña que nos ocupa.

Mencionar y recomendar por último, la excelente exposición “El vuelo del Plus Ultra y sus protagonistas”, organizada por el cordobés Juan Manuel Fernández Delgado, su comisario, que con motivo de la bienal de fotografía del año pasado se expuso en el Real Círculo de la Amista de Córdoba y que actualmente se encuentra en el Ayuntamiento de Palos de la Frontera (hasta el 10 de abril). Una exquisita muestra que a través de numerosas piezas de la época (fotografías originales, periódicos, revistas, objetos de esos años, música, etc.) nos traslada no sólo a la hazaña realizada hace un siglo, sino especialmente a la biografía de sus héroes, a sus vivencias y trayectorias vitales anteriores y posteriores, en un magnífico ambiente de intrahistoria que recrea la España de hace cien años, tan lejana, nostálgica y cercana a un mismo tiempo.

Fotos e ilustraciones: Manuel Chacón Rodríguez

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