Cabra vivió un esplendoroso Domingo de Ramos

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Amanecía el Domingo de Ramos con un sol de justicia, un sol que quería ser testigo de excepción de un día largamente esperado.

Las inmediaciones de la Plaza de San Agustín poco a poco se iban agolpado de gente para disfrutar de la primera salida procesional de nuestra Semana Mayor, el cancel de la Iglesia Conventual de las RR.MM. Agustinas Recoletas se abría y los ciriales nos anunciaban la inminente entrada triunfal de Cristo en una Jerusalén egabrense que lo recibía con palmas y ramas de olivo, niños vestidos de hebreo que desde su más inocente y tierna infancia quieren ser portadores de una de nuestras más antiguas y bellas tradiciones.

Ya en la tarde, las miradas se centraban en la antigua Ermita de Santa Ana, desde allí, el palio de la Virgen de la Misericordia desafiaba el estrecho cancel de la Iglesia de Ntra. Sra. De Los Remedios para, con un caminar elegante, pasear por las calles de Cabra.

Y si por la mañana era el Barrio del Cerro el que centraba todas las miradas, por la tarde se trasladaban hasta el Barrio de la Villa. Las Hermandades del Lavatorio y Huerto cerraban el cortejo del Domingo de Ramos, dos de las Hermandades más esperadas en la Semana Santa egabrense y que como no podía ser de otra manera, volvieron a dar ejemplo de una catequesis ejemplar y de un exquisito y elegante cortejo.

Recién entrada la madrugada del Lunes Santo, la Hermandad del Lavatorio volvió a la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción y Ángeles.

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