Autor: Francisco García Montoya
Hace algunas semanas yendo y viniendo de Málaga, ¡madre mía!, como estaba la autovía Córdoba-Málaga, tramos de bastantes kilómetros tales como las rectas de Antequera llenos de baches que como te descuides hacen polvo los amortiguadores o incluso pueden ser causa de un accidente; el firme descarnado y erosionado por el tráfico continuo da lugar a que el ruido de la rodadura dentro del habitáculo de los vehículos sea elevado y muy molesto; por otra parte, ese firme áspero actúa como un papel de lija para los neumáticos de los vehículos que se desgastan más rápido. Pero, esto no es lo peor, lo más grave es que se está convirtiendo en una vía de comunicación peligrosa en la que ir a más de cien kilómetros por hora no es aconsejable porque pillar un bache de los que abundan a 120 te puede sacar de la carretera o causar un daño en el coche.
Unos días después tuve que viajar a Córdoba por la misma autovía, pero en sentido contrario y me alegré al ver que entre Montilla y Montemayor por lo menos estaban reparando el firme en tramos cortos de 50-100-200 metros. Es la versión actual del antiguo sistema de “parcheo” que recuerdo se utilizaba allá por los finales de los cincuenta del pasado siglo para mantener las carreteras porque no había dinero para arreglarlas en toda su longitud. Pensé, por fin están haciendo algún mantenimiento, pero mi esperanza fue vana porque a medida que iba para Córdoba la calzada estaba llena de grietas que han tratado de impermeabilizar infructuosamente regándolas con betún, y no había una o dos grietas sino miles a lo largo de la autovía. Uno espera que en una carretera se formen grietas cuando discurre por una ladera en la que pueda haber movimientos de tierra o deslizamientos, pero que el agrietamiento ocurra en una vía que trascurre por terreno llano o casi llano es cosa rara.
¿No será que los áridos usados para formar el firme de la autovía no eran de la calidad requerida para estos fines?, y recordé que en el caso del triste accidente de Adamuz se ha dicho que el balasto sobre el que se asientan las traviesas que sostienen las vías de los trenes no reunía la calidad requerida. Pues, lo mismo, bueno bonito y barato, pero de consecuencias nefastas. ¿Dónde estará el dinero? Porque estas cosas se hacen para abaratar torticeramente los costes en los proyectos. ¿Dónde estaba el técnico/funcionario o el organismo de la Administración encargado de supervisar la calidad de los materiales y del trabajo realizado por las empresas adjudicatarias del proyecto y dar el visto bueno?
Cuando volvía de Córdoba pensando en la falta de mantenimiento de las infraestructuras del país me di cuenta del mal estado de la carretera Cabra-Huertas Bajas, tiene el firme muy deteriorado con surcos hundidos producidos por el tráfico pesado que soporta, aunque también hay que suponer que los temporales de lluvia de los últimos meses le han pasado factura. El hecho es que el firme está fatal.
Pensé, pues cuando pongan las dos plantas de biometano proyectadas y el tráfico pesado se multiplique por diez o por veinte, van a destrozar la carretera. Claro que desde el Ayuntamiento se ha difundido el rumor de que las plantas de biometano no se pondrán. Pero, visto lo visto, cualquiera se fía de lo que nos digan los políticos en general porque desde que empezó a sonar el asunto de “Cabra municipio solar” nos han ocultado deliberadamente información sobre los proyectos y nos han toreado todo lo que han podido. Por supuesto, dan por hecho que las centrales fotovoltaicas se van a instalar a costa de los fértiles suelos de cultivo de nuestro término municipal, del paisaje y del medio ambiente de nuestra comarca y para que quedemos contentos filtran el rumor, porque no es más que eso, de que las plantas de biometano no se van a poner. Veamos señores, es que estamos de elecciones y fiarse de un político en elecciones es como confiar en un tigre de Bengala hambriento. Al respecto, Pablo Cambronero hace la siguiente reflexión: “En nuestra democracia existe un periodo temporal en el que para muchos partidos políticos mentir se convierte en la única forma de hacer política. En otros momentos se miente, pero menos. He conseguido datar aproximadamente este periodo temporal entre un mes y medio antes de las elecciones y una semana después de la celebración de las mismas”.
Ya en Cabra otro choque con la realidad, pasé por calles que estaban casi tan mal conservadas como las carreteras, hay caminos rurales con mejor firme que, por ejemplo, la calle Alcalá Galiano, la calle Cervantes, la calle Julio Romero o la calle Pepita Jiménez, me pregunto quién habrá sido el brillante cerebro que las ha diseñado. Otras como la calle Álamos que tiene otro diseño tampoco se salva porque está llena de baches, de tacos de granito sueltos o mal alineados con la superficie y sobre los cuales el ruido de rodadura de los coches es muy alto. Antiguamente sin tanto diseño 2030 se construían calles que duraba varias generaciones mientras que las de ahora duran escasamente una primera comunión.
Hoy tuve que ir a Carcabuey y, mire usted que sorpresa, el firme de la carretera Cabra-Priego está, si cabe, en peor estado que la de Monturque. Llena de baches que se han parcheado y han vuelto a perder el asfalto de relleno. Si no me equivoco el antiguo firme de este tramo de carretera databa de la época de la dictadura de Primo de Rivera y aguantó hasta finales de los años sesenta cuando fue asfaltada por métodos modernos.
El hecho es que dos de las principales vías de acceso a Cabra se encuentran en mal estado y en proceso de convertirse en caminos de cabras.
Lo que observo en mi entorno cercano junto a la información que me llega por los medios de comunicación me crea la impresión general de falta de mantenimiento, de decrepitud, de todas las infraestructuras que son básicas para el buen funcionamiento de un país y pienso que deberíamos exigir a los políticos patrios que destinen los recursos del Estado al mantenimiento de las mismas. Y sí, prioridad nacional, primero España y luego el resto de los países del mundo, que el dinero que nos sacan directamente con los impuestos y el que llega de Europa se quede en el país para mantener las carreteras, la infraestructura ferroviaria, para el mantenimiento y construcción de presas que evitará nuevas catástrofes, para la limpieza de montes que minimizará los incendios forestales, para la construcción de viviendas, la educación, la sanidad y el resto de los servicios que el Estado debe prestar a los ciudadanos. Porque la caridad empieza por uno mismo.











